lunes, 6 de marzo de 2017

El legado de un corazón valiente - DiarioMedico.com

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ALBERTO JUFFÉ, IMPULSOR DE LA CIRUGÍA CARDÍACA

El legado de un corazón valiente

Alberto Juffé Stein ejerció la Medicina con pasión e inteligencia. Se convirtió en un cirujano pionero, de los primeros en practicar trasplantes de corazón en España.
María R. Lagoa. La Coruña | dmredaccion@diariomedico.com   |  06/03/2017 00:00
 
 

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Alberto Juffé Stein
Alberto Juffé Stein (Andrés Panaro)
  • Alberto Juffé Stein
  • El equipo de trasplante cardíaco del Juan Canalejo al terminar el primer injerto de corazón que se hizo en Galicia.
  • El cirujano Alberto Juffé con la primera trasplantada de Madrid.
Su vocación creció a medida que medraba su conocimiento y observaba cómo esta ciencia obra el milagro de curar. Alberto Juffé Stein (Buenos Aires, 1945) ejerció la Medicina con pasión e inteligencia. La curiosidad e imaginación marcaron decisiones valientes que adoptó con celeridad. Las mismas cualidades, junto con su indomable tendencia a traspasar fronteras, le convirtieron en un cirujano pionero, de los primeros en practicar trasplantes de corazón en España.
Dotado para el liderazgo, capaz de contagiar a los suyos sus ganas de trabajar, se enfundó siempre la camiseta de su hospital y de su equipo, buscando la cohesión del grupo y compartiendo la tarta del éxito. Con el añorado cardiólogo Alfonso Castro Beiras forjó una alianza que los llevó a adentrarse por el camino incipiente de la gestión clínica. Crearon el Área del Corazón del Hospital Juan Canalejo de La Coruña (hoy Chuac) y pusieron esta ciudad del Atlántico español en el mapa internacional de la Cardiología y la Cirugía cardíaca. Ahora, mira con orgullo al que fue su servicio y vive el retiro sin amargura.
PREGUNTA. ¿Cuándo llegó la vocación por la Medicina?
RESPUESTA. 
No de niño, aunque siempre me interesaron las causas de las enfermedades, la vida y la muerte, sobre todo porque mi padre falleció cuando yo apenas tenía dos años. Al terminar bachillerato, opté por Medicina, en la Universidad de Buenos Aires, y comprobé que me gustaba. Terminé en 1969, con 24 años.
P. ¿Ahí decidió que sería cirujano?
R.
 Tampoco. En el Hospital de Clínicas hice el internado rotatorio. Vivía y trabajaba en el hospital. Me atrajo el bisturí, me gustó solucionar los problemas con la rapidez de la cirugía. Más tarde, en el Hospital Cosme de Argerich, participé en cirugías cardíacas y observé la dificultad de algunas intervenciones hoy sencillas. Me apasionó el reto de mejorar lo que había visto.
P. ¿Cuándo vino a España?
R. 
Fue una decepción tener que abandonar el centro donde había estudiado la carrera y el rotatorio. No me dieron la plaza para hacer la residencia por un enfrentamiento entre catedráticos. El Hospital Cosme Argerich, al que fui después, no cumplía con mis expectativas. Tomé la decisión de completar mi formación en otro país, escribí más de 50 cartas. El 28 de febrero de 1972 recibí un telegrama comunicándome que tenía una plaza para Cirugía Torácica y Cardiovascular en la Clínica Puerta de Hierro de Madrid; tenía que incorporarme el 1 de marzo.
P. No tuvo mucho tiempo para pensarlo.
R. 
Me casé con mi novia, Liliana Bignoli, y nos vinimos a España. La vida siempre muestra varios caminos y yo he sido de tomar decisiones disruptivas, no de ir a ver qué pasa porque de esa manera no pasa nada.
  • “He sido de tomar decisiones disruptivas. No soy de ir a ver qué pasa porque así no pasa nada”
P. En 1972, España estaba al final de la dictadura. ¿Cuál fue su impresión?
R.
 La verdad es que nadie venía aquí, la inmigración era del 2 por ciento. Mi idea era dar el salto a Estados Unidos, donde vivía parte de mi familia. Pero me llevé una sorpresa con la Clínica Puerta de Hierro: habitaciones individuales, una gran biblioteca y, lo más importante, cirugía experimental de alto nivel. En España, había muchas necesidades, se leía poco, pero la Medicina era buena; en los 70 se crearon los grandes hospitales. Después, viví la apertura española con la misma ilusión que los españoles y en Puerta de Hierro desarrollé mi creatividad en la Cirugía cardíaca. En esos años, tuve dos estancias en Estados Unidos (Boston y Alabama); experimenté lo que es estar en lo más alto de la cirugía y comprobé cómo la formación es crucial al reducir los índices de mortalidad, aún en enfermedades muy complejas.
P. Fue uno de los pioneros del trasplante de corazón.
R. 
Cuando nosotros hicimos el primero de Madrid, se habían hecho solo otros tres en España. El nuestro fue el primero infantil que se hacía en Europa. La paciente fue una niña que todavía vive, igual que el primer trasplantado de Galicia. Fue en septiembre de 1984; llegué al hospital por la mañana y me informaron de que acababa de ingresar una niña de Granada de 11 años con una miocardiopatía cuya única posibilidad era el trasplante. En la Unidad de Reanimación había una niña con traumatismo cráneoencefálico que estaba en muerte cerebral. Mi corazón se puso a mil, hicimos el trasplante ese mismo día.
P. ¿Cómo un argentino con una trayectoria en ascenso decide venir a La Coruña donde su especialidad estaba poco desarrollada?
R. 
Había vuelto antes a Argentina porque me ofrecieron la jefatura de un centro en la periferia de Buenos Aires, pero mi familia no se adaptó bien, así que me había reincorporado a Puerta de Hierro en 1990. Renuncié a los cuatro meses. Mi amigo Castro Beiras, con el que coincidí en Puerta de Hierro, en la época de residentes, me ofreció dirigir el Servicio de Cirugía Cardíaca y el programa de trasplantes de órganos torácicos. Era un proyecto muy ilusionante, estaba todo por hacer, muchos gallegos tenían que salir de Galicia para operarse.
  • “Al paciente siempre hay que mirarle a los ojos. La confianza entre médico y paciente cura un 30 por ciento”
P. Otra decisión disruptiva.
R.
 Mi familia y yo tuvimos que adaptarnos a un nuevo lugar. La situación en el servicio era complicada; el cirujano que venía a sustituir había finalizado su contrato y muchos estaban en contra de mi nombramiento. Tuve que organizar absolutamente todo, protocolizar cada patología, cada acto, cada paso en la planta de hospitalización, en la Unidad de Cuidados Intensivos y en el Servicio de Anestesia. Dejé claro que venía a La Coruña a quedarme y que quedarían a un lado los que no se sumasen al proyecto. La incorporación de Gonzalo Pradas afianzó mi liderazgo.
P. Consiguió su propósito, el servicio tuvo un crecimiento espectacular 
R.
 Los objetivos eran desarrollar la Cirugía cardíaca para que ningún gallego tuviera que operarse fuera; iniciar un programa de trasplantes cardíacos; poner la Cardiología y Cirugía cardíaca en el mapa de Europa; hacer un programa de formación MIR y dar un fuerte impulso a la investigación. Creo que se han cumplido todos. Nos pusimos líderes en España en número de cirugías por año.
P. ¿Qué estrategia hace que un servicio sea líder?
R.
 Formar un equipo en el que se integren sin fisuras todos los profesionales, desde los médicos hasta las cocineras, haciendo que participen de los éxitos. Y lo más importante es que la relación con los cardiólogos sea excelente, lo que para nosotros fue relativamente fácil porque Alfonso Castro y yo nos entendíamos con mirarnos. Además, nuestro proyecto tenía el firme apoyo de lagerencia y de la Xunta de Galicia.
P. Después llegó el primer trasplante cardíaco de Galicia.
R.
 Se piensa que lo más complicado de mi especialidad es realizar un trasplante de corazón y técnicamente es fácil. Hay cirugías más complejas, como un aneurisma de la aorta. Eso sí, un programa de trasplante integra a todos los servicios de un hospital; requiere trabajo en equipo, es como una orquesta sinfónica, en la que cada uno toca un instrumento y todos son importantes. El primer paciente que trasplantamos fue Antonio Peña. Lo hicimos Gonzalo Pradas y yo.
  • “Estoy en desacuerdo con las plazas en propiedad. Si no me hubiesen fichado, yo no estaría aquí y usted ahí”
P. Se hizo sin la autorización de la Xunta.
R.
 Aparecieron los dos primeros receptores y contacté con Rafael Matesanz. Cuando hubo un donante, el consejero de Sanidad, Manuel Montero, estaba de viaje y el gerente, Eleuterio Cigarrán, me dijo que no tenía permiso. Yo ya había hablado con el paciente y le dije que no iba a parar. Sabía que había un 90 por ciento de posibilidades de que fuera bien. Enseguida hicimos el segundo y batimos el récord nacional dos veces con 46 trasplantes anuales, en 1997 y en 2000. Nuestro programa fue pionero en el mantenimiento del donante, la utilización de corazones de más de 50 años y de receptores de más de 70, la resucitación durante el implante y el trasplante cardiaco bi-cava.
P. ¿Fue una decepción el programa de xenotrasplante?
R.
 Nos planteamos estudiar e intentar controlar los mecanismos inmunológicos que producen el rechazo de órganos entre especies. No superamos la barrera del rechazo tardío en la mayoría de los animales, pero trabajos recientes como el nuestro, junto a los nuevos inmunosupresores, han permitido alcanzar supervivencias medias de 298 días y llegar a los 945. Nuestro programa de xenotrasplante marcó el despegue de la investigación en el centro, dando lugar a una enorme y eficiente infraestructura.
P. Alfonso Castro Beiras y usted hicieron un buen tándem. Crearon el Área del Corazón.
R. 
Ambos estábamos de acuerdo en que la Cardiología y la Cirugía cardíaca han de ir de la mano. El área del corazón del Hospital Clínico de Barcelona y la nuestra fueron las primeras en 1996. Con la gestión clínica se puede ahorrar mucho gasto inadecuado. El crecimiento de la tecnología es exponencial y el del presupuesto lineal. El que sabe en qué gastar en sanidad es el que tiene el bolígrafo.
P. Hay muchas críticas y temores de los profesionales.
R.
 Produce un sarpullido en quienes no hacen gestión clínica. La nuestra fue una carrera de obstáculos. Mi conclusión es que mejora la eficiencia, pero las unidades han de tener personalidad jurídica propia, personal no estatutario y comprometido con una forma diferente de hacer las cosas, y gerentes y políticos que apuesten por el cambio. Estoy en desacuerdo con las plazas en propiedad, hay que demostrar la solvencia profesional. Si a mí no me hubieran fichado, yo no estaría aquí y usted ahí.
P. En estos tiempos tecnológicos, ¿cómo se establece la relación del médico con el paciente
R.
 Es esencial la empatía con el paciente y obtener su confianza. Hay que mirarle a los ojos, esa confianza entre médico y paciente cura un 30 por ciento. En la visita en planta hay que sentarse con el enfermo y no quedarse de pie. En la consulta es bueno apuntar en la historia el nombre de su hija, su mujer, alguien que quiere, y preguntar en la siguiente visita; el paciente nota que no es un número.
P. ¿Qué es lo que más le satisface de su trayectoria?
R. 
Que el servicio sigue funcionando. En 2015, el equipo del Chuac, con José Cuenca , hizo mil cirugías. El mayor fracaso de un responsable médico es no dejar al jubilarse un servicio igual de bueno o mejor que cuando él estaba.
P. ¿Cómo está viviendo la jubilación?
R.
 La Medicina y la familia siempre han sido lo primero y llegó un momento que sentí que había que invertir la ecuación. El nacimiento de mi primer nieto fue impresionante, quiero ser un abuelo presente. No somos eternos, llega un día en que debemos transferir nuestros conocimientos. En mi caso, cinco años antes elegí a José Cuenca y cuando me fui tenía más nivel que yo. La jubilación es una etapa enriquecedora, hay tiempo para otras inquietudes... recientemente he publicado un libro que es mi testimonio, Con el corazón en la mano, 25 años de cirugía cardiaca en A Coruña.

Apuntes

Una anécdota 
El segundo quirófano de Cirugía cardíaca se logró gracias a una reunión con el presidente de la Xunta, Manuel Fraga. Le dije que teníamos un quirófano y estábamos haciendo 300 cirugías cardíacas por millón de habitantes y año y que eran necesarias 750. Me preguntó qué sucedía con los otros 450. Yo le espeté: "Están muertos", y él dijo: "No se pueden morir".
Las claves de un buen servicio 
Asistencia, investigación, docencia y marketing.

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