lunes, 6 de febrero de 2017

El tipo de crianza influye en la maduración cerebral - DiarioMedico.com

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ESTIMULAR A LOS HIJOS EN CASA

El tipo de crianza influye en la maduración cerebral

El cuidado maternal estimula mejor las capacidades intelectuales. La atención en la guardería es de menor calidad y menos estimulante.
Antoni Mixoy. Barcelona | dmredaccion@diariomedico.com   |  06/02/2017 00:00
 
 

Eulàlia Torras de Beà
Eulàlia Torras de Beà, psiquiatra infantil y autora del libro ‘Aprovecha el tiempo con tu hijo’. (Jaume Cosialls)
En el correcto desarrollo fisiológico y psicológico del bebé intervienen múltiples factores, pero el tipo de crianza es clave en la maduración cerebral y en el desarrollo de las funciones y de las capacidades en la esfera intelectual, emocional y social. En este proceso, del nacimiento a los dos primeros años de vida, es fundamental el vínculo -el apego- entre el niño y la madre, pero también con el padre, los familiares y otros posibles cuidadores que deben proporcionarle la atención y los estímulos necesarios.
Así lo señala Eulàlia Torras de Beà, psiquiatra infantil y de la adolescencia y psicoanalista, en su reciente libro Aprovecha el tiempo con tu hijo, donde remarca que los padres deben ser conscientes de los beneficios de una "buena crianza", porque "el mayor tiempo y atención que se le dedica en este momento se traduce en menos preocupaciones en el futuro, ya que el niño será más capaz y más autónomo", al tiempo que puede presentar menos problemas psicológicos y de retraso escolar. 
  • El apego que establece el bebé con la madre en la crianza maternal le aporta la seguridad necesaria para que evolucionen positivamente sus capacidades
Torras recuerda que el bebé "nace con un cerebro inmaduro y con todas las potencialidades por desarrollar, ya que su evolución va a depender de los estímulos que reciba". De hecho, las vías nerviosas poco estimuladas se atrofian. De ahí la importancia de que la madre y el resto de cuidadores conformen un entorno estimulante para el bebé. Además, las experiencias vividas por el niño, tanto positivas como negativas, se inscriben en su cerebro, dejan "huellas" que lo moldean y lo hacen único.
El apego que establece el bebé con la madre en la crianza maternal, basado en el cariño, las caricias y posteriormente los juegos, le aporta la seguridad necesaria para que evolucionen positivamente sus capacidades. Es el "apego seguro", el que ofrece la madre que aprende a conocer al niño y a dar respuestas correctas a sus demandas. Esta crianza "de calidad", con atención, tiempo e intercambios intensos, "facilita un aprendizaje mucho mayor del lenguaje y de los conceptos, que va a prepararle para la escuela".
Menos guardería
La seguridad para el bebé de este tipo de crianza puede verse truncada con la separación que supone el paso a la guardería, "que suele ser demasiado pronto y durante demasiadas horas". Torras entiende que los niños no deberían ir a la guardería antes de los dos años, tanto por razones pediátricas -"así lo manifiestan estos especialistas"- como psicológicas, "ya que entendemos que necesitan muchos estímulos en este comienzo de la vida". "No tiene sentido -prosigue- enviar al niño a la guardería cuando acaba la baja laboral por maternidad -en España, a los cuatro meses-, o incluso antes, a las pocas semanas".
La experta destaca que la crianza en esta institución es de más baja calidad, puesto que la atención profesional se reparte entre muchos niños, "y así, los estímulos que recibe son significativamente menores". Y tampoco es lo mismo que la estancia en la guardería sea de unas pocas horas -compartiendo la crianza con familiares o personas contratadas- o de toda la jornada.
En cuanto a las razones pediátricas, Torras insiste en que los especialistas consideran que los niños entran en contacto con muchos patógenos "de sopetón", cuanto todavía son muy vulnerables, y que es preferible una inmunización más paulatina. Tampoco es realista el tan manido argumento de la socialización, "porque antes de los dos años siguen siendo muy dependientes del adulto y socializan poco".
A falta de estudios que hayan relacionado el tipo de crianza y la evolución posterior de los niños, Torras sugiere en su libro una posible relación -"aunque no sabemos en qué medida"- con problemas de incidencia creciente en las consultas de psiquiatría infantil y de la adolescencia, como el TDAH, el trastorno general del desarrollo, el trastorno del espectro autista -estos dos últimos, que aparecen como un trastorno del vínculo- o el propio fracaso escolar. En todo caso, anima a los padres a una crianza lo más cercana posible de su bebé porque "dos años no son nada en la vida de un adulto y lo son todo en la de un niño".

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