viernes, 23 de junio de 2017

“El acceso a la genética podría crear una clase social superior” | Ciencia | EL PAÍS

“El acceso a la genética podría crear una clase social superior” | Ciencia | EL PAÍS

“El acceso a la genética podría crear una clase social superior”

Siddhartha Mukherjee, autor de 'El emperador de todos los males', reflexiona en su nuevo libro sobre cómo la revolución genética va a acabar con el mundo que conocemos

El oncólogo estadounidense Siddhartha Mukherjee, en la presentación de su nuevo libro, en Barcelona.

El oncólogo estadounidense Siddhartha Mukherjee, en la presentación de su nuevo libro, en Barcelona.



¿Qué pasa cuando una máquina aprende a leer y a escribir su propio manual de instrucciones? Esta es la pregunta que quiere responder con su último libro Siddhartha Mukherjee (Nueva Delhi, India, 1970), ganador del Pulitzer en 2010 por su biografía del cáncer: El emperador de todos los males. En El gen: una historia personal (Debate), este oncólogo entrelaza tres narraciones como en una triple hélice: una íntima, en torno a su propia familia, afectada por enfermedades mentales hereditarias; una historia que sigue a los científicos y los experimentos que dieron lugar a la genética moderna; y una llamada de atención sobre cómo pueden cambiar la sociedad las tecnologías derivadas de ese conocimiento y los debates necesarios para que no tengamos que arrepentirnos de lo aprendido.
A principios de este mes, en el mayor congreso de cáncer del mundo, en Chicago, Mukherjee planteaba en una conferencia frente a miles de médicos un ejemplo concreto de la relevancia de esta discusión. Los análisis genéticos han permitido descubrir mutaciones que pueden predisponer a sufrir un tumor y en muchos casos ha mejorado el pronóstico. Sin embargo, también se corre el riesgo de convertir el cáncer en una institución total en la que el paciente es “constantemente vigilado” y al que se le recuerda con demasiada frecuencia la amenaza de la muerte. Es un caso en el que el conocimiento del genoma puede condicionar la forma de vivir nuestra vida.
Decir que un conocimiento es peligroso empuja a buscarlo
Pregunta. Los nazis utilizaron la poderosa idea de la genética para justificar sus delirios de limpieza racial y los soviéticos la rechazaron, negando toda evidencia científica, porque la consideraban una idea burguesa. ¿Reconoce ahora el uso de esta idea científica como justificación para determinadas ideologías?
Respuesta. La eugenesia privatizada no es distinta de la impuesta por el Estado. Lo único que cambian son los actores. Uno de los últimos dibujos en el libro [en el que aparece una familia china que solo tiene hijos varones] muestra lo que les pasa a las poblaciones humanas cuando privatizas la capacidad de las personas para tomar decisiones sobre las características genéticas de sus hijos. Que hayamos desmantelado la eugenesia estatal no significa que no seamos capaces de plantear las mismas elecciones individualmente, y es igual de peligroso.
P. Si logramos desarrollar una tecnología para mejorar a los humanos, haciéndolos más inteligentes o más guapos, ¿es posible evitar que la gente lo haga con sus hijos?
R. Creo que nos estamos deslizando lentamente hacia una nueva era. Hace tres meses, la Academia Nacional de Medicina de EE UU tomó una decisión muy interesante y muy importante. Se estaba debatiendo si las alteraciones genéticas podrían permitirse en espermatozoides, óvulos o embriones humanos. Hasta ahora, en Occidente, hemos decidido que la ingeniería genética es aceptable en células humanas siempre que no cambies permanentemente el genoma humano. Si en tu cuerpo cambias las células de la sangre o las neuronas o las células del cáncer, todo esto no hace que los cambios se conviertan en una parte permanente del genoma humano.
Con Crispr y otras tecnologías estamos llegando a un punto en el que nos podemos preguntar si deberíamos editar el genoma humano de forma permanente. Y la academia decidió que se permitiría. Pero hay un par de limitaciones. La primera, que debería haber una relación causal entre el gen y el objetivo que tratamos de alcanzar. La mayoría de los rasgos humanos tienen su origen en varios genes, efectos ambientales, la casualidad... Pero algunos son muy autónomos y para esas enfermedades en las que hay una causa directa entre el gen y la enfermedad podríamos hacer estos cambios permanentes.
La eugenesia privatizada no es distinta de la impuesta por el Estado
La segunda limitación es más complicada. Dice que se permitiría realizar estos cambios si hay un sufrimiento extraordinario que se quiere evitar. Pero, ¿sufrimiento extraordinario según quién? ¿Quién va a poner los límites? ¿Es un sufrimiento extraordinario ser mujer en una sociedad donde pueden enfrentarse a una discriminación terrorífica? ¿Definiríamos el sufrimiento extraordinario de acuerdo con una enfermedad? ¿La definiría preguntando a la gente si están sufriendo, si quieren seguir viviendo así? Es una decisión muy complicada y al final tiene que ver con quienes somos, con cómo nos definimos.
P. Usted habla en el libro de los problemas mentales hereditarios que ha sufrido en su familia. Si tuviese la posibilidad de eliminar con edición genética ese problema, ¿no lo haría?
R. No tengo ninguna duda de que en el futuro será posible encontrar la relación entre enfermedades como la esquizofrenia o el desorden bipolar y quizá 10 o 20 variantes de genes que en combinación pueden predecir que tu riesgo de sufrir esa enfermedad se multiplica 10 o 20. Una vez que empecemos a conocer estas combinaciones, ¿qué vamos a hacer?
Imagine un experimento en el que secuenciamos 10 o 15 millones de genomas humanos y después para cada uno de estos 15 millones registramos las vidas de estas personas. Luego utilizamos técnicas de computación para cruzar esta información y empezamos a entender bien cómo estas combinaciones de genes o incluso la combinación de esos genes con factores ambientales incrementan o reducen el riesgo de sufrir determinadas enfermedades. Y al final puedes imaginar cómo en una familia como la mía 10 variantes genéticas en combinación multiplican por 10 el riesgo de una enfermedad horrible. ¿Secuenciaría el genoma de sus hijos para ver cuál carga con este riesgo?
P. Si puedo hacer algo al respecto, seguramente sí. Pero si no, preferiría no saberlo.
Ya lo hacemos con el síndrome de Down, pero podríamos empezar a descartar particularidades genéticas mucho más sutiles
R. Depende de lo que consideres poder hacer algo al respecto o cambiar algo. Una de las posibilidades, de la que dispondremos pronto, puede ser algo como seleccionar embriones y solo implantar los que no tienen determinadas combinaciones de genes.
P. Pero ya hacemos eso, ya casi no nacen personas con síndrome de Down.
R. Cierto, lo hacemos ya con trisomías, pero podríamos hacerlo con particularidades genéticas mucho más sutiles. Creo que eso lo veremos en diez o quince años.
P. ¿Y le parece bien?
R. No estoy seguro de que tengamos ni la comprensión científica ni la humanística de lo que va a pasar una vez que empecemos a adoptar estas tecnologías. Creo que el público cree que los genes producen rasgos, que son iguales a rasgos, y claramente ese no es el caso. Ahora sabemos que para la mayoría de los rasgos humanos lo habitual es que varios genes interactúen y que el entorno desempeñe un papel muy importante. Tampoco creo que tengamos una comprensión humanística sobre el tipo de mundo en el que viviremos una vez que empecemos a llevar a cabo este tipo de manipulaciones. ¿Qué pasaría si estas tecnologías solo estuviesen disponibles para la gente rica? Tendríamos una sociedad que no solo estaría divida por una brecha económica sino que las nuevas tecnologías crearían una subclase genética. Me parece que ese peligro es enorme. No soy pesimista sobre el poder de utilizar estas tecnologías genéticas tan potentes para curar importantes enfermedades, pero también creo que todos deberíamos parar a pensar antes de avanzar con demasiada ligereza hacia ese futuro.
P. Cuando se habla de edición genética, parece aceptable emplearla para curar una enfermedad, pero plantea más dudas si se quiere mejorar a alguien que ya está bien.
R. Lo que estás preguntando es dónde está la frontera entre la enfermedad y la normalidad. Esa línea ha cambiado durante nuestra propia vida. La homosexualidad se consideraba una enfermedad hace poco. Veinte años después, en occidente, nos hemos dado cuenta de que es fundamentalmente una variación humana. En muchas sociedades aún se considera una enfermedad, te matarían por ella. Las líneas entre la normalidad y la enfermedad son flexibles. La pregunta es cómo empezaremos a saber qué significa sufrimiento extraordinario para ti. ¿Quién lo va a definir? ¿Va a hacer el Estado una lista?
Las líneas entre la normalidad y la enfermedad son flexibles. ¿Quién las va a delimitar?
No conozco las respuestas, pero sí sé que no corresponde a los científicos responder a estas preguntas solos. Estamos capacitados para desarrollar una tecnología, para explorar la naturaleza y crear nuevas tecnologías. Pero no estamos preparados para comprender las inmensas implicaciones de estas tecnologías, en particular del genoma humano, que es lo más humano que poseemos. Nuestra decisión para intervenir en él no puede ser tomada solo por científicos. Tiene que ser un proceso político mucho más amplio. Y para hacer eso necesitamos el vocabulario, los antecedentes, la historia, y necesitamos comprender las limitaciones y pensar sobre el futuro. De eso va este libro.
P. Jennifer Doudna, una de las creadoras del sistema de edición Crispr, ha planteado que es una suerte que no conozcamos con detalle el origen genético de rasgos complejos como la inteligencia porque eso hace imposible un programa de mejora humana. ¿Hay conocimientos que es mejor no alcanzar?
R. Yo también tengo un conflicto con esa pregunta. Creo que plantear que cierto conocimiento es peligroso empuja inmediatamente a alguien a buscarlo y diseminarlo, lo hace más seductor. Por otro lado, creo que hay ideas que son fundamentalmente peligrosas y necesitamos una comprensión profundamente humanística de esas ideas antes de comenzar a explorarlas como si fuese algo sin mayor relevancia.
Un ejemplo: la inteligencia es un concepto popular con una larga historia, que en parte también es despreciable. Despreciable porque una de las capacidades que querían medir y mejorar los nazis era justo esa. Pero ahora es un concepto popular, lo utilizamos en conversaciones informales. Cuando los científicos utilizan la palabra inteligencia, tienen que tomar ese concepto y hacer un código y convertirlo en algo que se pueda definir y medir. En el momento en el que digamos que la inteligencia es algo sobre lo que no se puede hablar, algunos científicos van a decir: No, voy a trabajar justo en ese problema.
Lo que quiero hacer con este libro es dar un paso atrás y pensar en el linaje de este concepto popular del gen, de dónde viene, cómo se utilizaba en el pasado, si lo estamos utilizando con precisión cuando un científico o una científica transforma ese concepto popular en una medida.
Mi idea no es restringir el conocimiento, no creo en eso, mi idea es explorar desde lo fundamental cómo obtenemos el conocimiento, lo que significan las palabras. Para que cuando empecemos a utilizar palabras como inteligencia reconozcamos que hay una historia detrás del uso de esa palabra en la ciencia y que si vamos a tener un debate público pediría que paremos un segundo y hablemos sobre la transformación de un concepto popular en una medida científica. Porque si no reconocemos esa transición, cometeremos un montón de errores horribles. No quiero restringir el conocimiento sino reconocer la anatomía del conocimiento.

Vinculan la lactancia materna con un riesgo cardiaco y de ACV más bajo en la madre: MedlinePlus Health News

Vinculan la lactancia materna con un riesgo cardiaco y de ACV más bajo en la madre: MedlinePlus Health News

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Vinculan la lactancia materna con un riesgo cardiaco y de ACV más bajo en la madre

Un estudio encuentra que mientras más tiempo amamanta una mujer, más desciende el riesgo
Traducido del inglés: jueves, 22 de junio, 2017
Imagen de noticias HealthDay
MIÉRCOLES, 21 de junio de 2017 (HealthDay News) -- Las mujeres que dan el seno a sus bebés podrían tener un riesgo ligeramente más bajo de sufrir un ataque cardiaco o un accidente cerebrovascular (ACV) décadas después, sugiere un nuevo estudio de gran tamaño.
Los investigadores encontraron que entre casi 290,000 mujeres en China, las que dieron el seno tenían un 10 por ciento menos de probabilidades de sufrir un ataque cardiaco o un ACV más adelante en la vida, frente a las mujeres que alimentaron a sus bebés con biberón.
¿Cómo podría dar el seno ayudar a la salud del corazón?
Una teoría plantea que amamantar ayuda a "reiniciar" el metabolismo de una mujer tras el embarazo, según la investigadora líder, Sanne Peters, investigadora en epidemiología en la Universidad de Oxford, en Inglaterra.
El estudio apuntó que las mujeres que dan el seno durante más tiempo tienden a tener unas probabilidades más bajas de hipertensión y diabetes, por ejemplo.
La Dra. Nieca Goldberg, vocera de la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), dijo que es posible que las mujeres que dan el seno simplemente tengan unos hábitos más saludables en general.
En estudios como este, los investigadores intentan tomar esos otros hábitos en cuenta. Pero Goldberg anotó que es difícil tomar en cuenta todos los factores que surgen entre el momento en que una mujer amamanta y el punto en que al final desarrolla un problema cardiaco, quizá décadas después.
Por otro lado, la lactancia materna podría tener efectos directos.
Como ejemplo, Goldberg apuntó a la oxitocina, una hormona que se libera al dar el seno.
"La oxitocina hace que los vasos sanguíneos se relajen", señaló Goldberg, y añadió que no está claro si eso afectaría a la salud cardiaca de una mujer años más adelante.
Tampoco está claro a partir de los hallazgos de este estudio si la lactancia materna redujo los riesgos cardiovasculares de las mujeres de forma directa.
"Pero [los hallazgos] sí amplían las evidencias de que protege contra la enfermedad cardiaca", dijo Goldberg, que también es directora médica del Programa Cardiaco de las Mujeres en el Centro Médico Langone de la NYU, en la ciudad de Nueva York.
La Academia Americana de Pediatría (American Academy of Pediatrics, AAP) recomienda la lactancia materna exclusiva durante los seis primeros meses de vida, y entonces seguir amamantando mientras se introducen alimentos sólidos de forma gradual durante los seis próximos meses. Tras esto, la decisión de continuar la lactancia materna depende de la madre y del bebé, según la AAP.
La mayoría de las mujeres del estudio actual (un 97 por ciento) amamantaron a sus hijos durante cierto tiempo. El periodo promedio de lactancia fue de 12 meses por niño, según el estudio.
Las mujeres del estudio no tenían problemas cardiacos al inicio del mismo. En promedio, tenían 51 años de edad. Casi todas habían dado a luz.
A lo largo de los seis años siguientes, casi 17,000 mujeres desarrollaron la enfermedad cardiaca coronaria, que incluye los ataques cardiacos y las arterias obstruidas que pueden conducir al ataque cardiaco. Otras 24,000 mujeres sufrieron un ACV.
En general, encontró el estudio, esos riesgos fueron un 10 por ciento más bajos entre las mujeres que amamantaron, frente a las que alimentaron con biberón.
El riesgo también pareció seguir bajando mientras más tiempo amamantaba una mujer. Por cada seis meses adicionales de lactancia por bebé, las probabilidades de problemas cardiovasculares se redujeron, en promedio, de un 3 a un 4 por ciento.
Por supuesto, las mujeres que amamantan y las que dan el biberón pueden ser distintas de muchas formas, según Peters.
El estudio tomó en cuenta muchas de esas diferencias, dijo, como la edad, el tabaquismo, los niveles de ejercicio y el peso corporal actual.
Y amamantar siguió vinculándose con unas probabilidades más bajas de problemas cardiovasculares.
Peters anotó que, en los países occidentales, las mujeres que amamantan con frecuencia tienen un nivel más alto de educación e ingresos. Y esto puede hacer que diferenciar cualquier beneficio de salud a partir de la lactancia en sí sea más difícil.
Pero en China, según Peters, sucede lo contrario: las mujeres más pobres en las áreas rurales por lo general amamantan durante más tiempo que sus contrapartes urbanas con más ingresos.
Entonces, ¿estos hallazgos necesariamente serían equivalentes en otros países? Es difícil de saber, según Goldberg.
Pero algunos estudios en otros países han dado unos resultados similares, dijo Peters. Por ejemplo, un estudio de enfermeras de EE. UU. encontró que las que amamantaban durante al menos dos años a lo largo de su vida tenían un riesgo más bajo de enfermedad cardiaca.
Goldberg enfatizó otro punto. Hay muchas formas en que las mujeres pueden protegerse de la enfermedad cardiaca y el ACV.
"Sin duda pueden reducir sus riesgos haciendo ejercicio de forma regular, si no fuman, gestionando el estrés y consumiendo una dieta saludable, como la mediterránea", afirmó.
Goldberg comentó que la lactancia materna podría ser otra opción en esa lista.
El estudio aparece en la edición en línea del 21 de junio de la revista Journal of the American Heart Association.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor
FUENTES: Sanne Peters, Ph.D., research fellow, epidemiology, George Institute for Global Health, University of Oxford, England; Nieca Goldberg, M.D., medical director, Women's Heart Program, NYU Langone Medical Center, New York City; June 21, 2017, Journal of the American Heart Association, online
HealthDay
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El riesgo de suicidio es especialmente alto para los granjeros estadounidenses: MedlinePlus Health News

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El riesgo de suicidio es especialmente alto para los granjeros estadounidenses

Otras ocupaciones tienen unas tasas más bajas, según un estudio
Robert Preidt
Traducido del inglés: jueves, 22 de junio, 2017
MIÉRCOLES, 21 de junio de 2017 (HealthDay News) -- Dos décadas después de la crisis de las granjas en EE. UU., la tasa de suicidio entre los granjeros estadounidenses es mucho más alta que la de los demás trabajadores, según un nuevo estudio.
"Los factores ocupacionales como, por ejemplo, un mal acceso a la atención médica de calidad, el aislamiento y el estrés financiero, interactúan con los factores vitales de forma que siguen poniendo a los granjeros en un riesgo desproporcionadamente alto de suicidio", dijo la coautora del estudio, Corinne Peek-Asa, profesora de salud ocupacional y ambiental en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Iowa.
Peek-Asa y sus colaboradores encontraron que 230 granjeros estadounidenses fallecieron por suicidio entre 1992 y 2010.
La tasa anual de suicidio entre los granjeros varió entre 0.36 y 0.95 por cada 100,000 durante esos años, según el estudio.
Mientras tanto, la tasa anual de suicidio más alta para todas las demás ocupaciones durante ese periodo nunca fue mayor de 0.19 por cada 100,000, señalaron los investigadores.
Las tasas de suicidio entre los granjeros estadounidenses fueron más altas en 1980, cuando más de 1,000 granjeros acabaron con su propia vida porque estaban perdiendo sus granjas por una ejecución hipotecaria. Pero las nuevas cifras siguen siendo demasiado altas, dijo Peek-Asa.
Las tasas de suicidio difirieron por región en el periodo del estudio actual, encontraron los investigadores. Los productores del oeste tenían la tasa más alta, y conformaban el 43 por ciento de todos los suicidios de granjeros, seguidos de los del medio oeste (el 37 por ciento), el sur (el 13 por ciento) y el noreste (el 6 por ciento).
Una gran diferencia entre los granjeros y las personas de la mayoría de los otros ámbitos laborales es que ser granjero es algo más que un trabajo, es una parte importante de la identidad de un granjero, dijo Peek-Asa. Cuando su granja está en problemas, muchos granjeros lo consideran un fracaso personal.
"Tienen dificultades para poder deshacerse del rol que tienen de granjeros. No pueden cuidar a su familia; sienten que cada vez tienen menos opciones y no pueden salir adelante", dijo en un comunicado de prensa de la universidad. "Finalmente, el suicidio acaba siendo una opción".
Peek-Asa dijo que algunas posibles soluciones políticas para abordar estas altas tasas de suicidio incluyen la mejora de la economía y las redes sociales en las áreas rurales. Un mejor acceso a la atención médica y a los servicios de salud mental también es necesario, añadió.
Los hallazgos aparecen en una edición reciente de la revista Journal of Rural Health.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor
FUENTE: University of Iowa, news release, June 12, 2017
HealthDay
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¿Un incentivo económico podría hacer que los pacientes con el VIH sigan tomando sus medicamentos?: MedlinePlus Health News

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¿Un incentivo económico podría hacer que los pacientes con el VIH sigan tomando sus medicamentos?

Un estudio en el que había tarjetas regalo de 70 dólares sugiere que el método podría ser útil, aunque solo para algunos
Robert Preidt
Traducido del inglés: jueves, 22 de junio, 2017
Imagen de noticias HealthDay
MIÉRCOLES, 21 de junio de 2017 (HealthDay News) -- Un nuevo estudio sobre el uso de recompensas económicas para ayudar a aumentar las probabilidades de que los pacientes infectados con el VIH sigan el tratamiento y tomen los medicamentos tal y como se les pide ha dado unos resultados contradictorios.
El estudio, realizado en clínicas del VIH de Nueva York y Washington, D.C., encontró que los incentivos económicos como las tarjetas regalo podrían mejorar la probabilidad de que los pacientes con el VIH tomaran los medicamentos antirretrovirales que suprimen el virus que provoca el SIDA.
Pero el efecto fue modesto en los pacientes que ya recibían un tratamiento, y las tarjetas regalo tuvieron poco efecto para aumentar la cantidad de nuevos pacientes VIH positivos que recibían tratamiento, dijeron los autores del estudio.
Aun así, la autora principal, la Dra. Wafaa El-Sadr, calificó los resultados como "esperanzadores" y dijo que "deberían motivar los esfuerzos por evaluar con mayor profundidad el uso de los incentivos económicos en los programas de tratamiento del VIH y por determinar su impacto potencial cuando se realicen a una mayor escala".
El-Sadr es profesora de epidemiología y medicina en la Facultad de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York.
Según su equipo, la supresión del VIH mediante el uso consistente de potentes medicamentos retrovirales es beneficiosa para la salud del paciente y reduce el riesgo de trasmisión del VIH a otras personas.
Pero hacer que los pacientes sigan tomando los medicamentos es un problema. La investigación sugiere que solamente el 55 por ciento de los pacientes con el VIH en Estados Unidos logran la supresión viral.
Pero los estudios con otro tipo de grupos de pacientes han mostrado que en ocasiones una recompensa económica pequeña puede ayudar a los pacientes a atenerse a sus regímenes.
Así que este estudio, realizado en 37 centros de pruebas del VIH y en 39 centros de atención del VIH en el Bronx, Nueva York, y en Washington, D.C., ofreció tarjetas regalo de 70 dólares a los que ya eran pacientes para ayudarles a mejorar su adherencia a los medicamentos y a aumentar las tasas de supresión viral.
En otro experimento, se ofreció a las personas tarjetas regalo de 25 dólares para animarles a tomar pruebas de sangre del VIH, y de 100 dólares por una visita con un profesional clínico para los que dieron positivo del VIH en las pruebas.
El estudio produjo un beneficio modesto. En general, la tasa de supresión viral de los pacientes fue de aproximadamente un 4 por ciento más alta en los centros de atención que ofrecieron las tarjetas regalo que en los que siguieron los procedimientos estándar. Además, los centros de tratamiento que ofrecieron tarjetas regalo tenían una tasa un 5 por ciento más alta de supresión viral en un subgrupo de pacientes que previamente no habían mostrado una supresión viral consistente.
Pero las tarjetas tuvieron un efecto reducido en el aumento de la cantidad de pacientes nuevos que dieron positivos del VIH que empezaron a recibir un tratamiento, indicó el equipo de El-Sadr.
Y un experto en el tratamiento del VIH se preguntó hasta qué punto dichos programas serían rentables.
El Dr. David Rosenthal, que dirige el Centro del VIH en Adultos Jóvenes, Adolescentes y Niños de Northwell Health en Great Neck, Nueva York, dijo que "según los autores, se dieron tarjetas regalo de 70 dólares en 39,359 visitas a clínicas, lo que según mis cálculos, tiene un costo de más de 2.7 millones de dólares".
Rosenthal afirmó que eso significa que se gastaron miles de dólares por cada uno de los relativamente pocos pacientes que se beneficiaron, y "parece muy preocupante que esto quizá no sea el mejor uso de la financiación para lograr la supresión viral".
Según Rosenthal, en lugar de ofrecer las tarjetas regalo a todos los pacientes en las clínicas de VIH, unos métodos distintos o más dirigidos podrían funcionar mejor.
"Quizá los incentivos económicos deberían entregarse solo para los que no han logrado ya la supresión viral, o invertirse en una tecnología basada en una aplicación del teléfono celular para mejorar la adherencia, o se podrían destinar los fondos para el personal de las clínicas dedicado a proveer un seguimiento intensivo de la adherencia, incluyendo las visitas a domicilio a los pacientes", teorizó.
"Este estudio muestra que los beneficios económicos funcionan, pero probablemente no deberían aplicarse de forma uniforme a toda la comunidad", dijo Rosenthal.
El estudio aparece en la edición del 19 de junio de la revista JAMA Internal Medicine.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor
FUENTES: David W. Rosenthal, D.O., Ph.D., medical director, Center for Young Adult, Adolescent and Pediatric HIV, Northwell Health, Great Neck, N.Y.; Columbia University, news release, June 19, 2017
HealthDay
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