viernes, 24 de junio de 2016

En EE. UU., unas leyes más estrictas sobre los opiáceos no han resuelto su mal uso: MedlinePlus en español

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En EE. UU., unas leyes más estrictas sobre los opiáceos no han resuelto su mal uso

Un estudio de trabajadores discapacitados no encuentra cambios en el uso ni las sobredosis de los analgésicos
     
Traducido del inglés: jueves, 23 de junio, 2016
Imagen de noticias HealthDay
MIÉRCOLES, 22 de junio de 2016 (HealthDay News) -- Las leyes de EE. UU. diseñadas para controlar el abuso de los analgésicos opiáceos no han reducido el mal uso ni las sobredosis entre los beneficiarios discapacitados de Medicare, sugiere un estudio reciente.
Entre 2006 y 2012, los estados promulgaron 81 leyes para controlar el uso de los opiáceos potentes, como Oxycontin y Vicodin. Pero incluso con esos nuevos programas de monitorización de los medicamentos recetados y otras regulaciones, los investigadores encontraron que el 45 por ciento de los beneficiarios discapacitados de Medicare seguían usando opiáceos en 2012.
Y el 8 por ciento consiguieron sus opiáceos de cuatro o más médicos.
"Todavía no hay evidencias de que esas leyes prevengan el mal uso de los opiáceos recetados", dijo la investigadora líder, Ellen Meara, profesora del Instituto de Políticas de la Salud y la Práctica Clínica de la Universidad de Dartmouth en Lebanon, New Hampshire.
"En esta población vulnerable de trabajadores discapacitados, los remedios legales para la epidemia de los opiáceos son demasiado débiles y demasiado lentos", añadió.
Los trabajadores discapacitados están en riesgo de abuso de opiáceos, dijo, porque "tienen unas necesidades médicas y sociales complejas, tasas altas de pobreza, y es más probable que tengan diagnósticos de enfermedades mentales como la depresión, en comparación con otros estadounidenses".
La amplia disponibilidad de analgésicos potentes ha provocado una epidemia de adicción, lesiones y muertes, lamentó el Dr. G. Caleb Alexander, codirector del Centro de Seguridad y Efectividad de los Medicamentos de la Universidad de Johns Hopkins.
"Estados Unidos tiene un 5 por ciento de la población mundial, pero consume un 80 por ciento de los opiáceos, así que es claro que tenemos un problema", advirtió Alexander, que no participó en el estudio.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU., 78 estadounidenses mueren cada día de una sobredosis de opiáceos, incluyendo la heroína.
Unas regulaciones más estrictas tienen un rol en el control de la epidemia, dijo Alexander.
El problema de las leyes promulgadas entre 2006 y 2012 es que ninguna abordó el "dolor y desencanto subyacentes que han llevado a tantos estadounidenses a buscar aliviar el dolor con opiáceos", comentó Meara.
Pero Meara cree que, al final, una legislación nueva y/o más estricta comenzará a cambiar la marea en la epidemia.
"Me siento optimista de que en cinco años unos remedios legales podrían ayudar a ralentizar el mal uso, el abuso y las muertes por sobredosis relacionadas con los opiáceos recetados", planteó Meara. "Desafortunadamente, la epidemia se está propagando y cambiando con rapidez, mientras que la respuesta legal es lenta y torpe".
Anotó que se han logrado avances desde 2012, cuando finalizó el estudio. Por ejemplo, ahora es más fácil obtener acceso a la naloxona, un medicamento recetado que puede revertir una sobredosis de opiáceos. Los adictos tienen un mayor acceso al tratamiento farmacológico para la adicción, y unas leyes más recientes ayudan a prevenir las recetas fraudulentas, dijo Meara.
En el estudio, Meara y sus colaboradores usaron datos de Medicare para evaluar el volumen del uso de los analgésicos opiáceos entre los beneficiarios discapacitados de 21 a 64 años de edad, entre 2006 y 2012.
No encontraron diferencias discernibles en el uso o las sobredosis de opiáceos como resultado de las regulaciones más estrictas. Por ejemplo, un 5 por ciento seguían teniendo recetas de analgésicos opiáceos en dosis altas (de más de 120 miligramos) en 2012.
Encontraron que un 0.3 por ciento de esos pacientes fueron tratados por una sobredosis no letal en 2012, más o menos la misma tasa que antes de que se promulgaran las leyes más estrictas, dijo Meara.
Pero Alexander se muestra cauto a la hora de sacar conclusiones generalizadas a partir de un solo estudio. "Han pasado muchas cosas desde 2012, esta es un área de evolución rápida", comentó.
También enfatizó que limitar el uso de los analgésicos opiáceos no significa dejar desamparados a los pacientes que sufren de dolor, como algunos han temido. Hay muchos analgésicos no narcóticos y tratamientos no farmacológicos para el dolor crónico, aseguró.
Esos medicamentos tienen un rol para las personas con un dolor agudo o las que sufren al final de la vida, señaló Alexander. "Pero no es ahí donde hemos visto el aumento marcado. En las dos últimas décadas, ha sido en el tratamiento de dolor crónico no relacionado con el cáncer", dijo.
El informe aparece publicado en la edición del 23 de junio de la revista New England Journal of Medicine.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor
FUENTES: Ellen Meara, Ph.D., professor, Dartmouth Institute for Health Policy and Clinical Practice, Lebanon, N.H.; G. Caleb Alexander, M.D., co-director, John Hopkins Center of Drug Safety and Effectiveness, Baltimore, Md; June 23, 2016, New England Journal of Medicine, online
HealthDay
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